La búsqueda de un soporte para el mensaje escrito
El lenguaje gráfico fue perfeccionándose desde el símbolo o jeroglífico hasta los signos que representan los sonidos, es decir, el alfabeto.
La dificultad del empleo de este lenguaje radicaba en el soporte del mismo, que en principio fue la piedra, la madera, los metales o la arcilla. Tuvieron que transcurrir miles de años hasta que la humanidad encontró materiales más apropiados para sus inscripciones, como el papiro o el pergamino y, finalmente, el papel.
España como precursora del papel en el mundo occidental
En la España musulmana debieron existir molinos papeleros en Córdoba, Sevilla, Granada y Toledo durante los siglos X y XI.
En estos papeles primitivos españoles encontramos fibras de esparto y cáñamo y tiene mejor trituración del trapo gracias a los avances introducidos en las técnicas hidráulicas.
El papel se extiende por Europa
El papel llega al resto de Europa desde España y por los movimientos migratorios de los cruzados que lo trajeron desde Oriente; sobre todo, italianos y provenzales que comerciaban con Bagdad y Damasco.
Los primeros molinos europeos los encontramos en la cuenca del Mediterráneo, destacando España, Italia y Francia.
Italia fue una importantísima potencia papelera, introduciendo grandes mejoras en su fabricación, como el empleo de mazos, la utilización de cola animal y la invención de la filigrana. Pronto los productos franceses entran en competencia con los mejores papeles de Italia, gozando las manufacturas de ambos países de gran prestigio durante los siglos XVI y XVII.
Tenemos que esperar hasta finales del siglo XIV para encontrar molinos papeleros en Centroeuropa, donde, más tarde, gracias a la intervención de la imprenta, gozan de una enorme expansión.
Gran demanda de papel: La imprenta
En 1440 Johann Gutenberg inventa el arte tipográfico, con el que se puede componer textos de cualquier extensión y obtener gran cantidad de copias.
La imprenta dio una verdadera medida del valor y utilidad del papel, ya que reunía, además de sus cualidades gráficas, el ser abundante, barato (costaba la décima parte que el pergamino), duradero, transportable y asequible a las enormes cantidades que requerían los impresores.
Una prensa de imprenta necesitaba tres resmas de papel diarias (1.500 pliegos); por ello, existe una relación tan estrecha entre la manufactura del papel y la imprenta, no concibiéndose la prosperidad de una sin la otra. A esto se debe que, entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVI, Europa se cubra de molinos de papel.
Grandes localizaciones de molinos papeleros en España
Tras sus prometedores inicios, la manufactura del papel en España vivió periodos de mayor o menor prosperidad hasta llegar al siglo XVIII, considerada la Edad de Oro de la fabricación del papel en nuestro país y, sobre todo, en Cataluña.
En este periodo, la Corona hace una decidida apuesta para la mejora de las técnicas en la manufactura papelera, se dictan Reales Cédulas para evitar la salida de materias primas y se liberaliza el comercio con las Indias.
Así mismo, la Real Junta de Comercio, manda traducir del francés “El arte de hacer papel” de Lalande, y llegan a España maestros papeleros extranjeros, sobre todo genoveses, para mejorar la técnica de los españoles y difundir los secretos del oficio.
Felipe V crea una Real Fábrica de Papel, en San Fernando de Henares (Madrid), para abastecer la Corona y suministrar papel sellado a las Indias.
Fruto de esta política, las manufacturas españolas alcanzan un gran nivel compitiendo con las mejores del resto de Europa. Se crean grandes núcleos papeleros, desapareciendo paulatinamente, los pequeños molinos dispersos a orillas de ríos. La invasión francesa y las guerras carlistas pusieron fin a esta época de máximo esplendor.
