Fuente: Aspapel
Gestión forestal sostenible
La Madera para papel se planta y se cultiva en plantaciones que se están replantando y regenerando continuamente y son motor de la economía rural.
Madera procedente de plantaciones locales (97%)
Los 5,1 millones de m3 de madera que la industria española de la celulosa y el papel utilizó el pasado año como materia prima, proceden en un 97% de plantaciones locales de pino y eucalipto, con un crecimiento del 10% en el aprovisionamiento local de madera y una drástica caída de las importaciones.
El empleo rural generado crece un 11%
Esas plantaciones locales en 2015 ocupaban 450.790 hectáreas (el 2,4% de la superficie total de bosques en nuestro país) y daban empleo directo a 5.177 personas (un 11% más que el año anterior), además de generar 16.675 empleos indirectos.
El papel certificado sigue creciendo
Somos el tercer país de la UE en superficie forestal y eso representa una gran oportunidad.
Actualmente está certificado el 54,4% del papel de fabricación nacional puesto en el mercado, con un crecimiento de ocho puntos porcentuales con respecto al año anterior.
Proceso productivo eficiente y responsable
Fabricar papel con menos energía y menos agua y hacer un uso en cascada de las materias primas, convirtiendo los residuos en recursos, es la filosofía de trabajo de una industria innovadora en procesos y productos.
Biomasa y cogeneración
La papelera es en nuestro país la industria líder en producción y utilización de energía renovable procedente de biomasa. El 28% del combustible utilizado en 2015 fue biomasa y biogás y el resto gas natural.
Optimización del uso y consumo de agua
El sector tiene una larga tradición en la optimización del uso del agua.
En la fabricación de celulosa se utilizaron 36 m3 por tonelada, de los cuales solo 3 m3 se consumieron. El resto se devolvió adecuadamente depurado y tras ser reutilizado internamente. En la fabricación de papel el uso de agua fue de 8 m3 por tonelada y el consumo de 2 m3.
El 80% de los residuos del proceso se valorizan
El 80% de los residuos del proceso papelero se convirtieron en 2015 de nuevo en recursos en el uso directo agrícola o como compost, reciclados como materia prima en otras industrias o bien vía valorización energética.
